146 años del final de la Comuna de París, la rebelión que hizo soñar a Europa

Por: Memoria Pública.

La Comuna, que utilizó la bandera roja en lugar de la tricolor francesa, decretó que los obreros podían tomar el control de las fábricas abandonadas por los patrones, abolió la guillotina, promulgó la separación de la Iglesia y el Estado, trató de facilitar el acceso universal a la educación.

Este domingo se cumplen 146 años del sangriento final de uno de los experimentos políticos y sociales más importantes de Europa: la Comuna de París. Tras más de 4 meses de sitio las tropas prusianas tomaron París, aunque se retiraron casi de inmediato, y Guillermo I de Alemania formó el gobierno provisional de la República, presidido por Adolphe Thiers, que se alojó en el Palacio de Versalles.

Pero la ciudadanía parisina se negaba a rendirse y se amotinó cuando el gobierno provisional trató de arrebatarle los cañones adquiridos por suscripción popular para defenderse. La Guardia Nacional, con el apoyo del pueblo, convocó unas elecciones para el consejo municipal del que surgió una Comuna (commune es el término que aún se utiliza en Francia para designar a los ayuntamientos) que comenzó a adoptar medidas revolucionarias que asustaron a los poderosos de Francia y de Prusia por igual.

La Comuna, que utilizó la bandera roja en lugar de la tricolor francesa, decretó que los obreros podían tomar el control de las fábricas abandonadas por los patrones, abolió la guillotina, promulgó la separación de la Iglesia y el Estado, trató de facilitar el acceso universal a la educación y tomó otras medidas sociales muy adelantadas para su época.

Thiers y sus ministros asediaron la Comuna, impidiendo cualquier apoyo externo, aplastaron movimientos similares en Marsella, Limoges y otras localidades, y el 21 de mayo sus tropas lograron entrar en la ciudad por la parte occidental de las murallas. Tras la ‘Semaine sanglante’ (la semana sangrienta) miles de ‘communards’ habían caído en combate o habían sido ejecutados, y el ejército de Versalles había acabado con un sueño que los revolucionarios de toda Europa nunca olvidaron.

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