Estamos a tiempo de frenar el cambio climático?

Por: Kepa Solaun / Mariana Viesca.

Aunque se produzcan cambios sustanciales en los modos de producción y consumo a medio plazo, esto no será suficiente y será preciso acudir a tecnologías que capten directamente dióxido de carbono atmosférico.

Los principales gobiernos del mundo así como numerosas organizaciones públicas y privadas están poniendo en marcha iniciativas para hacer frente al cambio climático. El Acuerdo de París de 2015 constituye el marco de referencia fundamental para conseguirlo, poniendo sobre la mesa las herramientas y la estructura institucional que se requieren para abordar un reto de esta magnitud.

En esta coyuntura, es legítimo preguntarse qué significa realmente frenar el cambio climático y en qué medida estamos aún a tiempo de evitar los impactos relacionados con esta amenaza para nuestro medio ambiente, nuestra salud y nuestra economía. Por otro lado, asumiendo esta posibilidad, nos planteamos qué implicaciones reales tendría para nuestro modo de vida poner en marchas las acciones necesarias para atajarlo.

Marcando los límites

La temática del cambio climático se alimenta de una compleja combinación entre conocimiento científico y negociación política. Partiendo de esta interacción, el Acuerdo de París entiende que “frenar el cambio climático” es evitar que el aumento de temperatura ligado al mismo supere los dos grados en relación con niveles preindustriales. Se abre la puerta, siguiendo a buena parte de la comunidad científica, a aumentar la ambición y establecer incluso un tope de grado y medio, aunque los países firmantes no se comprometen aún a establecer este objetivo.

Desde un punto de vista técnico, el objetivo de los dos grados implica necesariamente conseguir de manera imperativa y urgente sustanciales reducciones de emisiones. Solo con los compromisos de París, incluso aunque se cumplieran en su integridad, el aumento de temperatura sería superior a 3 grados. Pese a todo, las emisiones mundiales siguen creciendo a un ritmo del 2%  aproximadamente cada año.

De hecho, la mayor parte de los estudios científicos en la materia han comenzado ya a introducir los llamados “escenarios de emisiones negativas”. Esto significa asumir que, aunque se produzcan cambios sustanciales en nuestros modos de producción y consumo a medio plazo, esto no será suficiente y será preciso acudir, desde mediados de este siglo, a tecnologías que permitan captar directamente dióxido de carbono atmosférico. Algunas de estas tecnologías son ampliamente conocidas como la reforestación o las mejoras en el carbono orgánico en los suelos. Sin embargo, debido a la magnitud de las absorciones requeridas, sería necesario recurrir también a tecnologías menos probadas como la captura y almacenamiento de CO2 o soluciones de geoingeniería.

SOLO CON LOS COMPROMISOS DE PARÍS, INCLUSO AUNQUE SE CUMPLIERAN EN SU INTEGRIDAD, EL AUMENTO DE TEMPERATURA SERÍA SUPERIOR A 3 GRADOS.

¿Influye en estos cálculos la reciente decisión de presidente de Estados Unidos de abandonar el Acuerdo de París? Es difícil decirlo, dado que el país no ha presentado escenarios alternativos de emisiones que hagan saber en qué medida se van a la alejar de la propuesta de contribución que presentó la Administración anterior.  En este sentido, no debe olvidarse que es cada país quien decide sus compromisos y que no están previstos mecanismos sancionadores para incumplimientos.

No deben interpretarse estas líneas como una crítica a un Acuerdo que, probablemente, fue el mejor acuerdo que pudo conseguirse teniendo en cuenta la necesidad de alinear voluntades y sensibilidades tan diversas en un marco unánime. Sin embargo, la decisión de Trump no debe tampoco llevarnos a interpretar que ya habíamos hecho todo lo necesario y que solo la decisión de un país es la que nos impide frenar el calentamiento global.

Implicaciones más cercanas

Más allá de las grandes cifras, merece la pena detenernos un momento en visualizar las implicaciones de estos escenarios de altas reducciones en nuestras pautas de producción y consumo. Siempre se habla de la electricidad proveniente de energías renovables como una herramienta esencial en este camino, pero no puede ser la única, dado que la generación eléctrica solo supone el 25% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Entre las referencias más interesantes, hace unos años se elaboró en Europa la llamada “Hoja de ruta para una economía sostenible y baja en Carbono a 2050”, estableciendo una abrupta senda de cambio de modelo y reducción de emisiones cercana al 80% para el año 2050 ¿Cómo se podía conseguir esta reducción? Entre las recetas que marcaba este documento se encontraban la electrificación casi total del transporte y de las necesidades térmicas en el sector residencial y servicios. La electrificación se convierte así en una forma de extender las ventajas de la generación renovable, más allá del actual consumo eléctrico, sustituyendo los combustibles fósiles en los sectores mencionados.

Otra de las medidas estrella tiene que ver con el transporteUna quinta parte de las emisiones de la Unión Europea corresponde al sector de transporte, de las cuales el 80% corresponde al transporte por carretera. Para lograr la transformación del sector se espera la implementación de diversas tendencias: la integración de nuevos combustibles (ej. biocombustibles para la aviación y los vehículos pesados) y nuevos sistemas de propulsión (vehículos eléctricos e híbridos). Asimismo, se espera una mejora continua en la eficiencia de los motores y en las redes de transporte para incrementar la seguridad y disminuir el riesgo de accidentes.

Respecto a la industria, la mayor parte de las emisiones ya se encuentra regulada por el llamado “Comercio Europeo de Derechos de Emisión”, con lo que las empresas reciben una cantidad limitada de derechos para emitir CO2, y cualquier emisión por encima de su tope les obliga a pagar a industrias que tengan derechos excedentes. De esta forma, se ha creado un mecanismo que asegura que las emisiones industriales no superen los niveles considerados adecuados. En las empresas fuera de este régimen, la eficiencia energética pasa a ser la palanca fundamental.

El sector residencial es también crítico, ya que los edificios suponen casi el 15% de las emisiones europeas. Este es un área en el que la implementación de algunas medidas de eficiencia puede ser de bajo costo. Sin embargo, es difícil establecer soluciones parametrizables debido a la diversidad en construcciones, distintos impactos de variables climáticas o los diversos factores de consumo. En este sector resaltan dos grandes caminos: la rehabilitación de edificios (la cual puede ser intensiva en inversiones y costosa) y la construcción de nuevos edificios, integrando las energías renovables en la propia estructura e implantando medidas de ahorro y eficiencia, así como redes inteligentes.

Por último, uno de los sectores más complejos es la agricultura. El crecimiento de población esperado y el descenso en la producción de otros sectores provocarían un aumento de hasta un tercio para 2050 en la proporción de emisiones del sector agrícola.  El sector agricultura es enormemente diverso y las realidades a lo largo de la Unión Europea son muy diferentes. Las nuevas tendencias de consumo hacia productos ecológicos y de procedencia local establecen una senda importante hacia la sostenibilidad del sector. A su vez, puede ser muy relevante su aportación a la cadena de producción de energía.

Balance global

Sin duda, uno de los grandes retos es saber en qué medida una visión sostenible contenida en esta y otras referencias es exportable a otros países y cuánto puede demorarse esta transformación. La UE representa tan solo un 9% de las emisiones mundiales y su contribución en términos absolutos es obviamente insuficiente para provocar cambios reales en la evolución de las emisiones. De hecho, cualquier transformación es imposible sin los países en vías de desarrollo, que actualmente representan en torno a un 60% de las emisiones, pero no tienen muchas veces los recursos necesarios para abordar este tipo de transformaciones.

LA UE REPRESENTA TAN SOLO UN 9% DE LAS EMISIONES MUNDIALES Y SU CONTRIBUCIÓN EN TÉRMINOS ABSOLUTOS ES OBVIAMENTE INSUFICIENTE PARA PROVOCAR CAMBIOS REALES EN LA EVOLUCIÓN DE LAS EMISIONES.

La buena noticia es que, más allá de la acción de los distintos países, existen numerosas iniciativas de la sociedad civil para reducir las emisiones. Numerosos municipios han emprendido ya pasos hacia economías bajas en carbono bajo el paraguas de propuestas como el Pacto de Alcaldes. Muchas empresas han comenzado a trabajar en iniciativas como el Carbon Disclosure Project o el Pacto Global de las Naciones Unidas, aumentando sus compromisos y estableciendo hojas de ruta de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y de incorporación de energías renovables.

Por otra parte, se consiga o no el objetivo de no aumentar en más de dos grados la temperatura global, el cambio climático no es una cuestión de sí o no, sino de cuánto. En esta línea de pensamiento, es importante también destacar que cuando hablamos de cambio climático no estamos hablando únicamente de alteraciones que pueden ocurrir en el futuro, sino que ya están ocurriendo y cada día son más evidentes. La temperatura ya ha aumentado casi un grado durante el siglo XX y esto ha llevado aparejadas otras transformaciones en los patrones de precipitaciones, así como en la frecuencia e intensidad de eventos extremos. De lo que se trata ahora es de evitar que estas modificaciones continúen y se agraven.

En cualquier caso, el objetivo de dos grados no deja de ser una orientación aproximada, en buena medida porque no podemos modelizar con absoluta precisión el comportamiento de la atmósfera. Cada tonelada de CO2 que se reduzca contribuirá a hacer menos intensos los efectos del cambio climático, evitará los costes ligados al mismo y protegerá a las personas que podrían verse afectadas. Esto acerca la responsabilidad última, de una manera u otra, a todos y cada uno de nosotros.

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Nota: Este articulo fue publicado en el Diario Público el 6 de septiembre de 2017.