Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique: “A una parte de la sociedad los medios no le dan la palabra”

Por: Javier Paredes Godoy.

“Otro Mundo es Posible” se instaló como una de las principales consignas de la primera década del siglo XXI entre las fuerzas que consideraban que el camino tomado por la globalización iba en dirección contraria al bienestar de la humanidad. La frase encabezó la convocatoria al Foro Social Mundial de Porto Alegre en 2001, instancia que reunió a diversas organizaciones antineoliberales a nivel mundial y que, a su vez, acompañó movilizaciones referenciales durante la década, como la de Seattle en 1999 y otras. Todas ellas se organizaban como contracara de “cumbres” mundiales, convocadas desde instituciones supranacionales, tales como la Organización Mundial de Comercio. En Chile, dicha frase encabezó la marcha contra la cumbre presidencial de la APEC (Asociación Económica del Asia-Pacífico) realizada en Santiago el año 2004 bajo el comando de Ricardo Lagos Escobar.

Quien redactó la frase y participó activamente a través de la organización Attac es Ignacio Ramonet. Catedrático en diversas materias vinculadas a la comunicación y autor de numerosos libros sobre geopolítica y comunicación, también es cabeza de Le Monde Diplomatique.

Ramonet ha sido un activista de talla mundial y asistió al Congreso de Facultades de Comunicación Social de América Latina, Felafacs. El Congreso, que se realiza cada tres años, inéditamente aterrizó en Chile, organizado por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en especial por el académico del Observatorio de Medios de Comunicación de dicha institución, Pedro Santander.

 El Ciudadano asistió al Congreso y conversó con Ignacio Ramonet sobre la impresión que se llevaba sobre el estado del arte del debate Latinoamericano.

¿Qué impresión te llevas del Congreso?

Felafacs es la organización más importante de docentes y estudiantes de ciencias de la comunicación, y esto tiene una  influencia en el conjunto de América Latina. Yo fui invitado y respondía la invitación; conozco la reputación de Felafacs.

 Poder expresarse aquí es una manera de transmitir una experiencia -la mía- y una reflexion -la que expongo en mis libros- a un número importante de estudiantes y profesores; intercambiar, interactuar con muchas personas que están pensando lo mismo que nosotros en periodismo, comunicación en sentido amplio y viviendo el mismo momento tecnológico que conocemos.

Este congreso es muy valioso, además, por el dinamismo que aporta la presencia de estudiantes de todos países. Porque tienen preocupaciones no solo teóricas, sino también prácticas. Por consiguiente, es un modo para nosotros -que reflexionamos, a veces, sin contacto con los jóvenes periodistas- comprender la preocupación que las generaciones que tienen en este momento 19 a 23 años, se están planteando a la hora de terminar sus estudios de comunicación y periodismo.

La convocatoria tenía un rasgo que llamó la atención: Estaba dirigida también profesionales de la comunicación, en un sentido amplio, y de otras profesiones que se vinculan por su ejercicio a la comunicación, como juristas y otras disciplinas. ¿Qué te parece? 

Es muy importante, porque hoy se está desarrollando el concepto de Derecho a la Comunicación. Es decir, derecho de autor, por ejemplo, de propiedad intelectual, y contra el abuso. Por ejemplo, en qué medida el hecho de que introduzcan en tu biografía o página wikipedia modificaciones que no correspondan a la verdad. Hay todo un derecho muy importante y lo es también que este tipo de juristas se incorpore, porque es una dimensión nueva de la comunicación.

También es importante que se discuta y se debata sobre temas como si puse una imagen mía, pero no deseo que mi empleador acceda para juzgar, ¿puedo sacarla? Facebook no me lo permite. ¿Qué hago, cómo me defiendo? Todo eso no estaba contemplado. Sería importante que periodistas también se metieran en estos temas.

 Se asocia el debate sobre los medios de comunicación con un afán de mayor democratización. Pero también aparece la figura de la promesa democrática frustrada. ¿Qué impide que ella se realice?

A estas alturas no hay ninguna fuerza política ni económica que se oponga a la democratización. El problema es que no hay opositores francos. Todo el mundo está a favor, pero luego observamos una concentración del capital de las empresas de comunicación. En algunos países hay uno, dos o tres grupos de comunicación. Eso plantea problemas. Si le preguntamos a los dueños de esos medios si consideran que se están oponiendo a la democratización del país, por ejemplo, obviamente dirá que no y que sus periodistas están libres de decir lo que quieran.

Pero la experiencia nos muestra que, en determinados asuntos delicados, tales como los movimientos sociales, reivindicaciones de los más humildes, de los grupos minoritarios, etc., muchos medios tienen una actitud muy tímida. No están abiertos a escuchar ese tipo de reivindicaciones. Bueno, hay un espacio de la sociedad que no tiene posibilidad de expresarse y los medios no le dan la palabra a hacerse eco de ese tipo de protesta de reivindicación y aspiración social. Entonces, es una batalla en la que los frentes, aunque están delimitados, no son suficientemente sinceros.

 Por eso también es una batalla permanente. La democracia, por definición, es algo que está desarrollándose. Hoy podemos contentarnos con algo, pero mañana tendremos una nueva reivindicación. Así es la sociedad. Matrimonio para todos no era una reivindicación, hoy lo es de la sociedad. Los conflictos de violencia de género, de violencia machista, antes era norma, hoy no se tolera y queremos leyes en la materia. etc. La democracia se va ampliando y los medios deben estar atentos a esa ampliación.
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