Las ciudades necesitan viviendas para sus habitantes, no para los inversores

Por: Ada Colau / Sadiq Khan.

Durante muchos años, ciudades de todo el mundo han estado enfrentándose a una creciente agresividad y especulación en el mercado inmobiliario –de especuladores que ven la vivienda en nuestras ciudades como un bien del que sacar beneficio en lugar de hogares para la gente a la que representamos–.

En muchos casos, los especuladores toman decisiones a miles de kilómetros de distancia. Sin embargo, su impacto en la vida y el alma de nuestras ciudades se siente muy cerca de casa. El centro de nuestras ciudades corre el riesgo de quedarse vacío a medida que se desplaza a comunidades dinámicas, se cierran tiendas y aumenta el precio de la vivienda de forma exorbitante.

Nuestros grupos comunitarios y gobierno local, como la parte de la vida cívica más cercana a la gente y más sensible a sus problemas cotidianos, a menudo han sido los primeros en advertir de los riesgos que estas prácticas traen consigo en cuanto a la supervivencia de nuestras ciudades.

Para que los líderes de las ciudades puedan abordar este problema, necesitan urgentemente más recursos y poderes para aumentar la oferta de alquiler social y otros tipos de vivienda asequible y para reforzar los derechos de los inquilinos.

Las ciudades no son simplemente un conjunto de edificios, calles y manzanas. También son la suma de su gente. Ellos son los que ayudan a crear vínculos sociales, construir comunidades y desarrollarse en los lugares de los que estamos tan orgullosos de vivir.

Por eso estamos resueltos a cambiar la forma en que funciona la vivienda en las ciudades que representamos. Estamos construyendo más viviendas de alquiler social y asequibles, haciendo todo lo posible para fortalecer los derechos de los inquilinos y tomando medidas drásticas contra las malas prácticas de constructores y propietarios siempre que podemos.

Pero nos enfrentamos a un problema complejo que opera a nivel global. Nos siguen faltando el poder y los recursos que nos permitirían regular el mercado inmobiliario, proteger los derechos de los arrendatarios a quedarse en sus casas y hacer de la mendicidad y las noches al raso algo del pasado.

Mientras tanto, nuestros gobiernos nacionales, por contraste, parecen contentos de abandonar las ciudades a su suerte. Les pedimos que aborden este problema dándonos los recursos y poderes que necesitamos para construir todos los alquileres sociales y otras viviendas asequibles que necesitamos y para asegurarnos de que los inquilinos estén protegidos en sus casas. Las ciudades globales se enfrentan a una emergencia de vivienda. Si no nos aseguramos de que el propósito de la vivienda es, antes que nada, proporcionar hogares a nuestros ciudadanos en lugar de bienes de especulación, nos costará mucho construir ciudades habitables para nuestros ciudadanos y para las próximas generaciones.

Alcaldes y gobiernos locales de ciudades de todo el mundo están trabajando juntos para compartir conocimiento y encontrar soluciones a la crisis de vivienda. Es nuestro deber hacer todo lo posible para mejorar las vidas de los ciudadanos y que estos se involucren totalmente en nuestras comunidades. Solo tendremos éxito si podemos asegurarnos de que todas las personas en nuestras ciudades tienen acceso a una vivienda decente, segura y asequible.

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Nota: Este articulo fue publicado en El Diario  el 3 julio de 2018.