Motivos y consecuencias del fracaso del independentismo kurdo

Por: Nazanín Armanian.

¡Vertiginoso! En pocas semanas, varios acontecimientos han dado un vuelco histórico al destino de la Región Autónoma de Kurdistán (RAK) de Irak, para convertir la ilusión y la euforia de sus gentes en la consternación y llanto: Así, el triunfo del referéndum por la independencia fue aplastado por el ataque del ejército iraquí y las milicias árabe-chiitas de las Fuerzas de movilización Popular (Al-Hashd Al-Sha’abi) a las posiciones kurdas en la estratégica y petrolífera ciudad de Kirkuk, y terminaba con la “dimisión” del presidente de la RAK Masoud Barezani, de 71 años y nacido en Irán. La independencia estaba condenada al fracaso antes de ser declarada.

Los errores de aficionado

A los motivos estratégicos de la imposibilidad de un Estado Kurdo, se añadieron los siguientes factores para cuestionar incluso la viabilidad de una autonomía kurda en Irak:

La decisión de independizar Kurdistán por Barezani no estaba basada en el sueño de fundar el primer estado kurdo, ni en las circunstancias objetivas regionales, nacionales e internacionales, sino en un plan del propio líder kurdo como salida a una profunda crisis política, económica y social que vivía la RAK: pretendía así desviar la opinión pública kurda de su incapacidad de dirigir la compleja situación de la región autónoma,  canalizar el descontento popular hacia el gobierno central, ganar la legitimidad que los kurdos ya le negaban, y de paso conseguir algunas ventajas a Bagdad. Barezani, un hombre sin sentido de Estado, el jefe de la tribu más poderosa de Kurdistán, y cuyo mandato se había  agotado en 2015, se negaba a abandonar el poder. Disolvió el parlamento, y a pesar del desacuerdo de los partidos de la oposición como la Unión Patriótica de Kurdistán y el Partido (UPK), el Partido de Cambio y los islamistas al referéndum, lo convocó. De hecho, los Peshmarga vinculados a la UPK entregaron Kirkuk al ejército y los paramilitares árabes-chiitas de las Fuerzas de movilización Popular (Al-Hashd Al-Sha’abi), dirigidos por Irán. Por lo que el principal enemigo de la independencia estaba en “casa” y no en Bagdad, Ankara o Teherán. Estaba utilizando a los kurdos para sus ambiciones personales, convertirse en el presidente del primer Estado Kurdo, y de paso ser “la cabeza de ratón que no cola de león”.

Con esta maniobra, Barezani pretendía apartar del poder a su sobrino y primer ministro, Nechirvan Barezani, y ascender a su hijo Masrur, el jefe de la inteligencia kurda. Aunque aquí todo queda en la familia, Nechirvan que ha vivido y estudiado en Irán, al contrario de su tío que es aliado de Turquía, simpatiza con Teherán, y aboga por un Irak federal. Ahora, la oposición acusa a Masrur de estar detrás de los disturbios ocurridos tras la dimisión de su padre y el incendio de las sedes de la UPK.

La rotunda oposición de EEUU. Barezani no puede acusar a Trump de traición. ¡Es la enésima vez que EEUU les utiliza a su libre antojo y luego les abandona! Washington ni impidió la ofensiva iraquí a Kirkuk durante el cual murieron decenas de soldados del ejército kurdo, el Peshmagra «Los que abrazan la muerte».

Israel, el único país que alentaba la separación de los kurdos (y así desintegrar Irak) no les ayudó enviando sus tropas.

Subestimar la reacción de Irán y Turquía, quienes cerraron sus fronteras e insinuaron una intervención militar, ejerciendo una fuerte presión económica y psicológica sobre la RAK.

Creer que Bagdad –sumido en caos y crisis por los conflictos sectarios, economía estancada, y con un ejército incapaz de su desalojar a Daesh-, no iba a poder defender la integridad territorial del país. No tuvo en cuenta que en la capital iraquí gobiernan EEUU e Irán. Así, Bagdad se atrevió a rechazar “las disculpas” de la RAK y su propuesta de dar marcha atrás “congelando” la independencia, exigiéndole su anulación para humillar a los kurdos.

Pensar que tras vencer a Daesh, podrían elevar sus demandas, y anexionar Kirkuk a su “país independiente”.

El resurgimiento del nacionalismo árabe en Irak. Tras años de ocupación y ver cómo su ejército huía de Daesh, la sociedad iraquí no podía soportar más desgarros. Fueron decisivas las presiones ejercidas sobre el primer ministro Haidar al Abadi, por personajes populistas como el árabe-chiita Moqtada al Sadr, para lanzar una ofensiva contra los kurdos -sunnitas. El régimen sectario de Bagdad buscaba una oportunidad para desmantelar la autonomía kurda, y el referéndum se la ofreció en bandeja. Abadi, aspirante a renovar mandato en las elecciones del próximo año, también consolida su posición.

Menospreciar el imprescindible trabajo entre los pueblos árabe, turco y persa de la región para atraer su solidaridad. Los kurdos de otros países, que viven realidades diferentes, tampoco podían respaldar a sus hermanos.

Proponer un estado reaccionario, basado en la etnia, que en una región multiétnica significaría otro régimen con rasgos de apartheid de los que abundan en la zona.

No tuvieron una política de inclusión ni hacia la población de Kirkuk, quien en el momento de la invasión del ejército árabe podría haberles defendido.

La RAK debería haber consolidado su control sobre las ciudades conquistadas ricas en petróleo, y posponer la independencia para más adelante.

Decía Lenin que una revolución triunfa cuando coincide el hecho de que los “de abajo” no quieran vivir como antes con el que “los de arriba” no puedan gobernar como antes. Y los “de arriba” a nivel nacional, regional e internacional podían mantener su dominio y aplastar la voluntad de los kurdos e incluso reducir la amplia autonomía en pedazos.

Las consecuencias de la crisis a corto plazo

La huida y el desplazamiento de miles de kurdas de las urbes disputadas hacia la RAK.

El cese de Masoud Barezani, posiblemente por EEUU; el ex presidente puede ser citado por el Tribunal Supremo Federal iraquí por celebrar un referéndum ilegal, comprometer la seguridad nacional, corrupción y contrabandear petróleo.

Abrir una peligrosa brecha entre las unidades armadas de Peshmarga leales al KDP (pro turco-israelí) y las del PUK (pro iraní). Se acusan mutualmente de ser responsables de la nueva tragedia kurda.

La subida de los precios del petróleo tras la operación militar iraquí en Kirkuk.

Disminuir la cantidad de 600,000 barriles de petróleo que fluía de Kirkuk hacia Turquía a la mitad, a beneficio de Irán que aumenta sus exportaciones petroleras a éste país.

La petrolera BP se hará cargo del desarrollo de campos petroleros de Kirkuk a petición de Bagdad. Mientras, la  Rosneft permanecerá en Kurdistán.

Los kurdos tendrán que negociar, por primera vez, los nuevos términos de su autonomía con Bagdad, que ha instalado sus tropas en los cuatro costados de la RAK. Cederán en sus derechos a cambio de seguridad.

Aunque, aparentemente, Irán se presenta como el gran vencedor de la crisis, en realidad será el principal objetivo de las nuevas guerras que se harán bajo la bandera del chiismo-sunnismo.

La caída de Barzani y la muerte de Jalal Talabani el 3 de octubre, quien fue líder de la UPK y el ex presidente de Irak, abrirán el camino para nuevos líderes kurdos, que no nuevas políticas.

Al final, en vez de dividir Irak, el referéndum dividió al propio Kurdistán en varios pedazos.

El deseo de la independencia se ha convertido en una barrera en el desarrollo de la región. Kurdistán vive profundas brechas sociales y un profundo subdesarrollo bajo un régimen autoritario, mafioso, corrupto, tribal y títere de las potencias mundiales y regionales. Lo que necesitan los kurdos es justicia social y libertad, que solo las conseguirían en solidaridad y unión con los demás pueblos de la región, que no cambiar de amo y pasar a ser saqueados y explotados por individuos de “su propia sangre”.

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Nota: Este articulo fue publicado en el Diario Other News el 8 de noviembre de 2017.