No es posible quedarse fuera del patriarcado y hay que combatirlo con sus propias armas

Por: Maria Kohan.

Entrevista a clara serra.

La filósofa y política feminista, Clara Serra, diputada en la Asamblea de Madrid, disecciona en esta entrevista su libro ‘Leonas y zorras’ que acaba de publicar. Público desvela en exclusiva el prólogo de esta obra.

“No hay nada escandaloso en su título”, afirma Clara Serra (filósofa y política feminista y diputada por Podemos en la Asamblea de Madrid), en la presentación del libro que acaba de publicar. Leonas y zorras, reconoce, es cuanto menos algo escandaloso e incómodo, “pero tiene del todo que ver con la exclusión de las mujeres de la esfera pública y del ejercicio de la política”. Se trata, según explica Serra en una entrevista a Público, de un libro en el que resume las charlas y experiencias políticas compartidas con muchas mujeres durante “un período ya histórico, una etapa política que se abrió con el 15 M”. Sus páginas, plagadas de preguntas, invitan a la reflexión. Se trata de una apuesta por un feminismo abierto e inclusivo y generoso “pensado para las que faltan y también, para los que faltan, precisamente para todos aquellos que aún no se consideran feministas.

“Es un libro accesible y pedagógico, o así lo concebí”, comenta Serra, aunque reconoce que no siempre lo consiguió. Público adelanta en exclusiva el prólogo de este libro, una suerte de introducción que plantea el contenido de la obra. En esta entrevista comentamos algunas de claves con la autora.

Afirma que es difícil ser feminista en un partido como Podemos, que nació como una herramienta de asalto rápido al poder para tomar las instituciones. ¿Los temas de las mujeres se dejan siempre para después?

Si. Los temas feministas siempre terminan dejándose para después. Nos ha pasado siempre y ya estamos advertidas: ‘eso para después que hay cosas más urgentes’. En partidos de izquierda que ya tienen su papel asentado, como Izquierda Unida o de otras organizaciones de izquierda, que no están disputando las instituciones en una especie de carrera, también nos pasa eso. Pero cuando estamos en un asalto rápido al poder como en Podemos en 2014, todavía parece que te quedas más para luego, porque es como si el feminismo no tuviera recetas y estrategias que aportar para ganar. Eso es lo que muchas compañeras vivimos muy de cerca y queríamos discutir. A la luz del año 2018 y después del 8 de marzo eso es indiscutible, pero en aquellos momentos, para muchos compañeros, estaba bastante asumido que el feminismo estaba muy bien y era una apuesta de principios, pero no tenía mucho que aportar. Lo tuvimos muy difícil.

Ahora que Podemos está en un momento más sosegado, ¿ha conquistado el feminismo un espacio mayor?

Si. Creo que hemos conquistado muchas posiciones paso a paso y estamos en mejores lugar que al principio. Y en la medida en la que estamos en un ciclo más tranquilo, y en la medida en la que la hegemonía y la centralidad del feminismo ha convencido a todo el mundo, estamos en mejores condiciones, claro.

El título de tu libro, ‘Leonas y zorras’, es provocativo y evoca estereotipos milenarios poco favorables a las mujeres. Sin embargo afirma que tiene una lectura positiva ¿Cuál es?

El título hace un guiño a Maquiavelo porque él defiende que los políticos tienen que tener una parte de león y una parte de zorra, que curiosamente en algunas traducciones se usa en femenino. Porque la zorra es un animal que está feminizado e instintivamente lo pensamos en femenino. La seducción está estigmatizada cuando la hacen las mujeres. Siempre es algo malo, una trampa. Sin embargo en el caso de Maquiavelo, cuando los hombres reivindican la seducción, deja de tener inmediatamente ese carácter sospechoso.

Creo que tenemos que desmontar esos estereotipos tan negativos para nosotras y a la vez poder reivindicar que también sabemos seducir en política, pero tenemos que quitarle toda esa carga negativa que ha servido para apartarnos del poder. Y también tenemos que ser leonas. Las mujeres no hacemos política pidiendo que se nos haga caso y tratando de convencer a nuestros compañeros. Lo que pedimos es que nuestras exigencias estén en reglamentos, en leyes y que tengan la capacidad de obligar. Porque en un partido político, cuando le pides a tus compañeros que se bajen de un acto político para que dejen espacio a las mujeres, eso no sale muy bien a menos que tengamos reglamentos que obliguen. Y nosotras, como todo el que hace política, necesitamos esas herramientas.

Los compañeros de partido están siempre muy dispuestos a darte la razón y a decir que sí, que todos somos feministas, hasta que les toca bajarse de un acto o quitarse de una lista para que entre una mujer. Ahí ya no. Necesitamos coacción también.

En el libro hace referencia al feminismo inclusivo, abierto y generoso ¿En qué consiste?

Una de las formas que ha tenido el patriarcado de neutralizar al feminismo ha sido haciendo un estereotipo de las feministas, afirmando que son todas iguales, que siempre dicen los mismo. Siempre intenta hacer referencia a un sólo tipo de mujer. Pero creo que una de las causas del éxito y el crecimiento del movimiento feminista en los últimos años es que cada vez somos más distintas, más plurales y se ensancha para dar cabida a distintas formas de hacer feminismo y es cada vez más inclusivo. Tenemos que ser muy conscientes que esa es nuestra victoria. El poder siempre trata de neutralizarnos haciendo una caricatura de nosotras y tenemos que salirnos de ella.

¿Y a qué se refiere con generoso?

Me refiero a que el feminismo tiene que estar hecho por las feministas pero no para las feministas. En ese sentido tenemos que ser generosas porque hay que pensar en las mujeres que todavía no son feministas. Por ejemplo, tenemos que ser generosas en el lenguaje y las palabras que usamos. Hay palabras que nos definen y que son parte de la historia del feminismo, pero que muchas mujeres no entienden o que no han leído ciertas cosas. Muchas a las que tenemos que llegar y convencer pueden salir de una charla feminista pensando que no han entendido nada o que eso no va con ellas. A pesar de que muchas de las que más han sufrido la crisis y los recortes de la austeridad en estos últimos años, muchas de las que han salido del mercado laboral o que son pensionistas, no son feministas. Y para llegar a ellas el feminismo tiene que ser generoso, hablarles de manera que te entiendan, que se sientan interpeladas.

Habla de la importancia del cuidado de los cuerpos de los otros y de cómo esto sigue fuera de la agenda política. ¿Porqué pasa esto y qué consecuencias tiene?

Porque sacar el cuidado de la esfera política, invisibilizarlo y feminizarlo (que es lo mismo), nos deja más desarmadas frente a las embestidas del capitalismo salvaje. Cuando el capitalismo arrasa con el sistemas de servicios públicos de cuidar a nuestros mayores, a las personas dependientes, a los enfermos (porque arrasa con los hospitales), a los niños (porque privatiza las escuelas infantiles)… las que más sienten su ausencia son las mujeres, porque son las encargadas del cuidado.

Que la asuman los sujetos más invisibilizados de la política es un negocio perfecto porque queda soterrado. Esto es lo que ha pasado en esta crisis. Los efectos de largo alcance han recaído sobre las mujeres y han quedado un poco mudos. Se ha sufrido en las casas, pero no se ha hablado de ello en la política. Porque quienes hacen política son principalmente hombres que no cuidan. Es un negocio redondo para el capitalismo invisibilizar una esfera que está permanentemente golpeando y arrasando. Es políticamente necesario que el cuidado aparezca en escena y que digamos que vamos a defender estos derechos. Y esto es más fácil hacerlo si las mujeres toman la voz y están en los parlamentos

¿Existe el botón para parar el patriarcado?

No. No existe. Ojalá existiera, pero no está a mano. Inevitablemente la política es un proceso mucho más lento. No es posible acabar en un momento con el poder patriarcal y tenemos que hacer una estrategia en fases, en tiempos. A vece atacamos de una manera, otras ocupamos algunos lugares, desactivamos unas caricaturas… Pero sí quería hablar con un feminismo que a veces reclama dar todas las batallas a la vez, como si hubiera una lucha por la cual tuviéramos que deshacer todos los estereotipos y usar todas las palabras en un único gesto, y creo que eso no es posible. Tenemos que permitirnos tener tiempos, porque la política se hace así: conquistas una cosas y luego otras. Cuando pretendes apagar el patriarcado en un único gesto, es muy paralizante, porque en realidad no te pones a dar ninguna batalla parcial.

¿Significa esto que el feminismo tendría que tener una agenda de prioridades?

Claro. Debería tener una agenda de prioridades y una estrategia. Porque la política tiene condiciones de posibilidad. No lo puedes hacer todo de golpe: tienes contexto, tienes herramientas que puedes usar en un contexto pero no en otro… Eso es lo que quiero decir con una defensa del feminismo estratégico. Ese es el tipo de ejercicio que hacen los hombres en política. Los hombres se vanaglorian y se refuerzan mutuamente y celebran mucho su mirada estratégica su “tengo un plan” contra el poder. Y en este plan tengo estas fases y estos tiempos. Y cuando nosotras no demostramos que también lo tenemos, nuestros compañeros no nos consideren de igual a igual en la política. Creen que nosotras sabemos mucho de principios, que estamos muy enfadadas con el mundo, que hay muchas cosas que nos parecen muy injustas, pero que en realidad no tenemos un plan para ganar. Y  eso es lo que tenemos que demostrar al mundo y a nuestros compañeros hombres. Tenemos que ser plurales en las estrategias y flexibles. Lo único que tiene que se igual es el punto al que queremos llegar, pero las maneras de hacerlo pueden ser muy diferentes.

En el libro habla sobre cómo el poder del patriarcado lo inunda todo, incluidas las armas para luchar contra él. Puesta en esta tesitura, ¿Es mejor luchar utilizando las armas del patriarcado o quedarse fuera de él?

Lo que explico en el libro es que es imposible quedarse fuera del patriarcado. Ese es un relato un tanto mítico. Creo que ser feminista es hacernos cargo hasta que punto tenemos un enemigo muy grande, y cuando te haces feminista te haces cargo de hasta que punto la cultura patriarcal ha calado, no sólo en todos los ámbitos de tu sociedad, sino también en ti misma. Esta es una perspectiva muy crítica y muy valiente de las feministas. Cuando asumimos que el problema no está solo fuera, que también nosotras podemos perpetuarlo y propagarlo. Eso puede llevar a quedarte un poco paralizada, pensando que no puedes hacer nada porque incluso tu eses parte del problema. Lo que digo es que, aunque haya que tomarse el tema así de en serio y no hay posibilidad de quedarte al margen del patriarcado, hay un margen de acción y que al patriarcado o al poder o cualquier orden vigente se lo puede atacar incluso con sus propias herramientas. Se le puede enfrentar contra sí mismo y llevarlo a contradicciones.

¿Tiene la lucha feminista que ir de la mano del movimeitno anticapitalista o deben ir por separado?

Yo digo que las feministas tenemos una agenda propia, lo que implica que algunas veces sí y otras no. Y que el feminismo en algunos momentos puede hacer alianzas. De hecho las hace y las ha hecho a lo largo de la historia. El feminista es uno de los movimientos más interesantes, porque a lo largo de la historia ha sido capaz de trazar alianzas con el movimiento LGTBI, con el antirracista y con otros muchos. Esto forma parte de la mirada estratégica del feminismo. Creo que hay que aprovechar las fricciones que a veces se dan entre el capitalismo y el patriarcado y hacerlas funcionar en nuestro beneficio. Por ejemplo, el capitalismo es superfuncional a la ocultación del cuidado, y en ese sentido es un cómplice total del patriarcado. Pero el capitalismo algunas veces ha parecido ir de la mano del movimiento LGTBI, cuando hablamos del capitalismo rosa. Pues cuando hay fricción entre unos poderes y otros es también un momento de oportunidad política. Y lo que hay que hacer es aprovechar esas brechas y enfrentarnos a él.

¿Pero el capitalismo no intenta desvirtuar los movimientos sociales?

Si, efectivamente. El capitalismo intenta cooptar el movimiento LGTBI y ahora al feminismo… Estamos en ese momento en el que vemos que empieza a ser funcional al capitalismo, por cosas como que la firma H&M vende camisetas… Este es un debate que se está dando ahora en el feminismo y que ya se ha dado en el movimiento LGTBI. Lo digo es que hay que ser muy conscientes de eses intento de cooptación, pero a la vez ser conscientes de que esa cooptación no es total. A veces podemos intervenir políticamente para que algo que le es funcional al capitalismo nos acabe resultando beneficioso a nosotras. Mi reflexión es que no demos por hecho que si al capitalismo algo le viene bien, a nosotras necesariamente nos viene mal, porque es más complejo y a veces hay algo que podemos utilizar. No siempre es el capitalismo el que te usa a ti, sino que hay un margen en el que puedes usarlo en tu beneficio, para tu lucha. Usar las propias herramientas del enemigo.

¿Sigue teniendo vigencia saber en qué ola del feminismo estamos?

Creo que es importante mirar hacia atrás, a los pasos que hemos ido dando. Porque la olas son como grandes pasos y es importante saber de dónde venimos y saber cuáles son los grandes pasos adelante que hemos dado las feministas. Estamos en un momento muy interesante y bullicioso, y puede ser que estemos inaugurando una nueva ola a nivel mundial, porque esto no es un fenómeno español. Lo estamos viendo en países de todo el mundo. Pero primero surgen los acontecimientos y luego se les pone nombre. Creo que estamos todavía viviendo un salto cualitativo del feminismo y llegará un poco más tarde la reflexión de lo que ha significado y cómo lo nombramos, si es otra ola y cual sería.

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Nota: Este articulo fue publicado en el Diario Público el 10 de abril de 2018.