“Uno se enorgullece de un país que dona, aunque duela”: Premios Nacionales chilenos piden mar para Bolivia

“Si nos encerramos en una identidad que está basada en hechos militares, en guerras, y no en procesos de construcción histórica, yo creo que el país va a ser un país aislado”, advierte Manuel Antonio Garretón, uno de los 7 intelectuales que se manifiestan en favor de la demanda del país vecino.

Uno de los efectos que ha traído en la sociedad chilena el conflicto entre Bolivia y Chile en la Corte Internacional de La Haya, es el surgimiento de un nacionalismo y chauvinismo, en desmedro de una comprensión más profunda y reflexiva de la demanda del país vecino por una salida soberana al mar.

 Un escenario promovido por un discurso uniformado de la clase política y los medios de comunicación, cuadrados detrás de la defensa a ultranza de la posición de las autoridades chilenas de no sentarse a negociar un centímetro de territorio con la nación altiplánica.

Sin embargo, lejos de esa mirada reduccionista, hay visiones de pensadores e intelectuales chilenos que transitan por la otra vereda y que -desde sus distintas áreas de reflexión- postulan que es atendible  y necesario acceder a la demanda boliviana.

El Núcleo de Integración Latinoamericana del Instituto de Humanidades de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano, conversó con 7 Premios Nacionales de Ciencias Sociales, Historia, Periodismo, Artes y Literatura, quienes argumentan por qué Chile debería acordar ceder una salida soberana al mar para Bolivia.

“Si nos encerramos en una identidad basada en guerras, vamos a ser un país aislado”

“Yo creo que Chile tiene que conceder una salida al mar con soberanía a Bolivia”, dice Tomás Moulian, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades (2015). 

En tanto, Manuel Antonio Garretón, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanidades del año 2007, aborda la problemática desde el riesgo que implica la posición rígida de Chile frente a Bolivia. “Si nos encerramos en una identidad que está basada en hechos militares, en guerras, y no en procesos de construcción histórica, yo creo que el país va a ser un país aislado”, advierte.

Por su parte, Juan Pablo Cárdenas, Premio Nacional de Periodismo (2005), apunta a la actitud que ha adoptado la clase política. “Lo que merecemos de algunos políticos es que realmente sean visionarios, es decir, que sean estadistas, que estén pensando más en el país de mañana que del presente, y se den a la tarea de promover esta solución”, plantea, en alusión a la opción de una salida al mar con soberanía para Bolivia.

El desaparecido Juan Radrigán, Premio Nacional de Artes de la Representación  en el 2011, también manifestó en vida su posición frente a la demanda del país vecino, criticando lo que implica para Chile sostener este conflicto en un tribunal internacional. “Imagínate toda la plata que se gasta en eso de La Haya, los millones de dólares, mandar tipos que vivan allá, ¿y para qué? Podríamos haber conversado”, postula el prolífico dramaturgo chileno.

El Premio Nacional de Historia (2016), Julio Pinto Vallejos, hace hincapié en lo peligroso que resulta para una sociedad el auge de “discursos ultra chauvinistas”, como hemos visto durante todo este proceso -y particularmente durante las últimas semanas- en autoridades y medios de comunicación. Ante esto, sostiene, se requiere de un “debate social” y una “re-educación de la propia sociedad”.

Por último, Raúl Zurita, Premio Nacional de Literatura en el año 2000, postula que “Chile tiene una posición egoísta, pseudopatriótica”. En contraposición a eso, cree que “el acto verdaderamente patriótico, de un país del que uno se siente orgulloso, es el que entrega, que dona, aunque le duela y que es capaz de ver a sus hermanos y vecinos, tenderles la mano”.

En ese sentido, Zurita representa irónicamente la imagen que Chile proyecta a partir de su posición frente a Bolivia. “Un país que tiene 4 mil kilómetros de costa, es como un niño que tiene una caja de lápices gigante, de 64 colores, pero que no es capaz de prestar ninguno”, dice.

Para el poeta, el punto de partida debe ser uno solo: la generosidad. “Aunque tuviéramos razón; no la tenemos, pero aunque la tuviéramos”, concluye.

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Nota: Este articulo fue publicado en el Diario El Ciudadano el 28 de marzo de 2018.